HISTORIA

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PEQUEÑA HISTORIA

El Aparecimiento de 19 de abril de 1493 está perfectamente documentado. Por un lado la Visitación de la Orden de Santiago, realizada en noviembre de 1494, que da todo lujo de detalles:
Visitaçion de la Casa de Ihesu Xpto
-E luego, en veynte e nueve dias del dicho mes de novyenbre, año suso dicho de mill e quatroçientos e noventa e quatro años, los dichos Vesytadores fueron a vesytar la Casa de Ihesu Xpto, la qual esta en vna syerra, media legua de la dicha Villa, la qual fallaron (mano dibujada al margen) en vn sytyo llano e dispuesto lugar para fazer edyfycar casa onesta e tal qual convenia fazerse, segund el gran misteryo que alla avya aparesçido, n que fallaron vna pequeña Hermita, byen hornada e devotamente todo lo que en ella estava en que la dicha Casa hera de tapyas e enluzydas por de dentro. E el vn quarto de la dicha Casa mal reparado, que se quiere caer. E, al derredor de la dicha Casa esta vn çerco de cruses, en que havya çiento e quarenta e çinco pasos en derredor, en que dezyan que aquel hera el çircuyto que avya tomado el monumento de donde salio el frayle al onbre que aquel Santo Misteryo se le descubryo. E junto con la dicha casa de la dicha Hermita, esta vn atajo pequeño de tapyas, e dentro, en el, dos pylas de agua e vna crus de palo pyntada de verde, donde se lavavan los enfermos, donde muchos dellos han sanado e havyan vysto muchos milagrosos misteryos e de grand deboçion. E la dicha agua que esta en las pylas, la han traydo de otras syerras arryba, de vna fuente que esta debaxo de vna peña, que ay, segund dyzen, mill e seysçientos pasos desde la fuente fasta la dicha Hermita, la qual dicha agua vyene por vna reguera que esta fecha en la tierra, e asy vyene fasta las dichas pylas.-
Continúa con un detallado inventario de los vienes que tiene la casa y hace algunas observaciones importantes. Una de ellas es la que se refiere al primer Ermitaño, Juan de Cuenca, que es uno de los primeros curados en la Casa. Dice así:
-Otrosy, vesytando la dicha Hermita de IhesuXpto fallaron los dichos Vesitadores vn onbre, el qual esta residente en la dicha Hermita para reçebyr a los devtos que a ella vynieren, el qual dixo estar ofresçido por los tienpos de su vyda al seruiçio della, porque ally avya venydo enfermo de grandes pasyones que tenia e IhesuXpto lo avya sanado. E porque vyeron que era menester para su sustnto e reparo de la dicha Hermita e muy nesçesario, mandaronle dar vna bestia de las que dan en limosna, para yr con ella a la dicha Villa e otras partes, para traer lo que en limosna dierenle.-
Otra se refiere a una de las reliquias más preciadas, la Cruz que se hace con madera del lentisco sobre el que le habló el Aparecido:
-Yten, avya en vn caxon de vna de las dichas arcas, vna cruz, fecha de madera de lentysco, enbuelta en na palea y en otros tres paños de muy buen lienço, la qual crus dezyan avya puesto los pyes en ella el Angel que se aparesçio en la bendita Casa.-
Así mismo, se toma cuenta a los mayordomos que habían habido y nombran uno nuevo, ordenando, en nombre de los Reyes, Administradores de la Orden, que se paralicen las obras de la Casa:
-Otrosy, los dichos Vesytadores dixeron que por quanto avya seydo de sabideros que Sus Altesas avyan mandado suspender las obras de la dicha Hermita, que mandauan e mandaron al mayordomo della, que agora es e adelante fueren, que non destribuyan nin gaste ningunos byenes de los que la dicha Hermita tyene ni aquellos que adelante vuiere, saluo que los tengan a buena guarda. E sy fizieren lo contrario, que pagaren los dichos bienes que asy gastaren. Pero, porque la dicha Hermita estaua algo della mal reparada e para se caer, que si el Comendador e Vicario e Conçejo de la dicha Villa, juntamente, vyeren que algo se avya menester reparar, que lo que ellos mandaran reparar, aquello se repare de cal e piedra de manobra, y lo fagan luego obrar el dicho mayordomo, contando que los sobredichos ygualen e fagan las abenençias con el maestro que la dicha obra ovyere de faser. Y, sy por aventura, el dicho Vycario para esto no se pudiera aver, que este en su lugar el Cura de la dicha Villa.-

Tampoco olvidan el importante tema de las limosnas:
-Otrosy, vieron los dihos Visitadores que el çepo de la dicha Hermita, donde ponen las limosnas que los que ally vyene para la festiuidad dan, mandaron quel mayordomo della faga o mande faser n buen çepo, con su chapa de fierro ençima, e vn verdugo de fyerro por çima, e se venga a çerrar al lado del dicho çepo, el qual tenga dos llaues; e la vna tenga el mayordomo de la dicha Hermita, y el Cura de la dicha Villa, la otra. E quano fuere menester abrir el dicho çepo, que llamen con ellos vn alcalde e dos regidores con el escriuano, estando presente el dicho Juan de Cuena, hermitaño, para que vea el dinero que de ally sacan e que persona o personas llienan, para que se va e sepa en que se gasta.-

Otra fuente contemporánea es el Libro de Constituciones de la Hermanad que se organizó inmediatamente. Aunque no ha llegado hasta nosotros, sí se conocen transcripciones de distintas épocas, todas coincidentes, que, en su apertura, hace un resumen de lo ocurrido. En el citado documento se dice que Cristo apareció a Ruy Sánchez, vecino de la Villa, pidiéndole que diera cuenta a las autoridades para que se levantara en aquel lugar una Casa que se llamase de Jesucristo, curándole de su defecto o manquedad, para dar testimonio de verdad. Así lo hizo el Vidente, participando el raro suceso a Diego de Soto, el Comendador de la Orden; a Lope González, uno de los dos alcaldes ordinarios –que luego sería el primer Mayordomo de la Casa- y al Bachiller Francisco de Santana, cura teniente por el santiaguista Ginés de Fuensalida. Rápidamente, al contrario que afirma la leyenda posterior, se inician las obras y comienza una verdadera riada de peregrinos que buscan consuelo y curación, asistiendo lo mismo gentes del pueblo llano, como miembros de la nobleza: la hija del Conde de Lerín, Luís de Beaumont, Condestable de Navarra y señor de lo que luego será Ducado de Huéscar, que manda un corazón de plata dorada, con su cadena, como exvoto. También de la Casa Real proceden unas ricas tovajas, bordadas con castillos y leones.
La actividad de los primeros tiempos de la Casa la conocemos perfectamente(1), pero no les vamos a abrumar con datos. Solo reseñaremos que desde el comienzo se preocupa de edificar un albergue para peregrinos y una casa para el ermitaño. También diremos que los devotos, no sólo acabaron con el lentisco, raíces incluidas, sino que también se llevaban tierra del citado lugar, hasta que el concejo lo prohibió y forro de azulejos el hueco, al que se llamó popularmente “Sepulcro”. Desde el interior de dicho lugar oían los enfermos misa cuando buscaban la curación, además del baño ritual con el agua recogida en las pilas, que hemos visto anteriormente. Igualmente conocemos por dichas Visitas, que se manda comprar libro donde se asienten las curaciones y los mylagrosos mysterios que allí ocurren. Del mismo modo, sabemos que próximo a 1536 muere Ruy Sánchez que, por su fama de santidad, es enterrado en la Sacristía.
Los dineros que afluyen al lugar hacen que se dispute su administración, aunque es facultad del Concejo, dueño de la Casa y terrenos. Fernando V la da a un cura de la Orden, natural de la Villa, Francisco Pujol, que la cede a su hermano Juan. Ambos fueron procesados, por sus malversaciones y despojos, expropiando, en 1507, a Juan sus posesiones, ya que Francisco había muerto como Cura de Mérida, también posesión de la Orden. Entre lo expropiado y entregado a la Casa se encuentra el Pocico Pujol, finca cercana de Inazares –luego llamada Pocico de Cristo-, que sería una de las bases económicas hasta la Desamortización. También Carlos I, en 1529, pide al Concejo y al Vicario que informen del estado de la Casa, cuya administración pretende Ginés Martínez, freyre de la Orden.
En 1589 se va a dar un nuevo giro a la Casa. Los mercedarios de Lorca, por medio de su Comendador, fray Juan de Corniels, van a conseguir el permiso de establecimiento y fundación de un convento, contando con falsos avales de dos miembros de la aristocracia lorquina. Con las mínimas condiciones se establecen en el lugar, tras la firma del Establecimiento o escritura con el Concejo en el que, entre otros, se reconoce que nunca adquirirán propiedad sobre el lugar y habrán de mantener el nombre de Casa de Jesucristo, que pidió el Aparecido. El último ermitaño, Andrés Sánchez, es expulsado sin contemplaciones, condenado a vivir de la caridad pública,
A partir de esos momentos los mercedarios, hasta 1836, ocuparan la Casa, reformando, ampliando y cuidando el lugar, pese que en 1711 hacen intentos de bajarse a la población, donde pensaban levantar convento. De todos esos tiempos hay que destacar, en 1727, la fundación del Real Colegio de Misioneros Apostólicos, obra del emprendedor y prolífico fray Miguel Echeverts, que también dejó una breve historia de la Casa. Sus miembros ejercieron una importante acción evangelizadora en tierras de los obispados de Cartagena, Almería, Guadix y Baza.
Tras la Desamortización, el Ayuntamiento reinicia el patronazgo sobre el emblemático lugar, nombrando santero y capellán, que ocuparán las dependencias del convento. No hubo cuidado en conservar las tierras de la Casa, que eran de propiedad concejil, dadas en uso a los ermitaños, primero, y a los frailes, luego, pasando a manos de la rapaz oligarquía local, poco escrupulosa en estos asuntos, cuando había beneficio a la vista, Con altos y bajos, con hundimientos, incendios y asaltos, la Casa perdió su bagaje artístico, aunque siguió siendo referencia de la piedad popular, aún en los tiempos más difíciles. Recuperada la democracia, el Ayuntamiento ha ido formalizando el Patronato, que actualmente representa la propiedad pública y la obligación histórica y moral de mantener y mejorar este emblemático monumento y casa de oración.
(1) Para este y otros extremos sobre la historia de la Casa ver mi “Quinientos años de devoción a Jesucristo Aparecido”, ed. conjunta del Ayuntamiento y Consejería de Cultura, 1993. Está a punto de aparecer, también de mi cosecha, “Tierra de aparecimientos”, que estudia la historia y avatares de los dos santuarios locales, Casa de Cristo y Rogativa.

LA IMAGEN DE JESUCRISTO APARECIDO
Al contrario de lo que ocurre en tantos lugares, en la Casa no se aparece una imagen, sino el propio Cristo en su Santo Aparecimiento. Por esa razón no siempre se ha venerado la misma insignia. En los primeros años tras el Aparecimiento, dentro de la Ermita no hay, salvo la cruz hecha con madera del lentisco y el hueco de dicho arbusto, ningún testigo icónico de lo acontecido en la Casa, solo en el exterior está señalado con cruces el circuito del Aparecimiento, donde esta el apartado donde se lavan los enfermos. En los altares hay solo dos retablos normales, además prestados por una beata local. Así lo dice la Visitación de 1494:
-Prymeramente vysytaron el altar de la dicha Hermita e avya en el dicho altar vn retablo de madera pyntado, e en el vn qruçifyxo e Nuestra Señora e San Juhan. E tyene el dicho retablo el canpo verde.–Yten, otro retablo pequeño que tyene vna Varonica pyntada, el canpo azul.-
Entre 1498 y 1507 se encarga un retablo de pincel, con dos tablas. Así lo describe fray Miguel Echevertz, a mediados del XVIII:
“El Retablo del santo Aparecimiento, de que se ha hecho mencion algunas veces, es para nuestro intento una de las pruebas mas vigorosas y eficaces; Porque este Retablo es el primitivo que se hizo y colocó en la Ermita, quando esta se erigió; y como esta se fundó luego despues del Santo Aparecimiento, como consta de la Real Executoria arriba citada, el retablo y sus pinturas son de aquel primitivo tiempo, que assi lo manifiesta tambien su antiguedad y disposicion de estar las pinturas en tabla, y guarnecidas estas con unas molduritas doradas. (…) Pero no es esta Imagen el testimonio mayor, sino las pinturas de los tableros colaterales al nicho y a la Imagen, porque en el tablero de la mano derecha  está pintado el mysterioso Aparecimiento que citan los autores que escriven de él, en esta forma: Christo Señor nuestro, con su ropa talar hasta los pies, descubriendo solo la mitad, está de color que tira à roxo, con la Cruz roxa al pecho, la vara gruesa como un dardo en la mano derecha, con Cruz en su remate, y con la izquierda señalando al suelo, y mirando à Rui Sanchez, que está hincado de rodillas, mirando y oyendo al Señor que le habla, y alli junto la pollina, cargada de leña, y con su talega de sal; y en el mismo tablero está repetida la misma historia de cuerpos pequeños. En el tablero de la mano izquierda está pintado el mismo Señor, con el ropage que dixe, y echando su bendicion à muchos pobres enfermos, mancos, coxos y tullidos, que están pintados à sus pies, como pidiendo al Señor socorro para sus necessidades. Estos dos tableros pintados assi, y especialmente el de la mano derecha, son los testimonios mas fieles de la verdad que se trata, porque son de aquel tiempo, y se pintaron conforme à la aparicion de Rui Sanchez, y à los milagros que hacia su Magestad, desde que se le empezó à pedir en estor Payses; que, à la verdad, desde los principios hasta ahora se están experimentando continuados prodigios; y estos dos tableros dichos están algo maltratados, porque à los principios colgaban en ellos los milagros, ò presentallas que traían los Fieles, y con los clavos que hincaban los maltrataron bastantemente”. Estos tableros, una vez establecidos los mercedarios y mejorada la iglesia, se dividieron, para colocarlos a cada lado del nicho donde se colocaría una imagen de bulto que, en adelante, sería la receptora de todas las devociones. Según nos comunica el propio Echeverts estaban bastante deteriorados ya en el XVIII, porque la gente tenía la costumbre de fijar a ellos los numerosísimos exvotos de sus curaciones, por medio de puntas y clavos. Veamos el origen real de la Imagen. Los más peregrinos disparates se han dicho sobre la Imagen, desde que la hicieron los ángeles (siguiendo el muy poco original esquema que afirman de muchas insignias de devoción) hasta que era napolitana, hecha, nada menos, que por ¡un discípulo de Miguel Ángel! Nada de ello, por supuesto, es cierto. Estamos en 1627. Hasta la fecha, además del retablo de dos tablas citado, solo hay otra representación artística del Aparecimiento: la que hizo Alonso Cordero, en 1592, en una de las cuatro capillitas del nudo de la Cruz Mayor. Esta escena debió de copiarla de modelo antiguo, porque en ella se muestra a Ruy Sánchez, arrodillado, con indumentaria del XV. El Aparecido se encuentra, algo inclinado, dándole la bendición, con su ropa talar y cabellera sueltas. Ante el deseo de disponer de una imagen de bulto, se comisiona a Cristóbal Viviente, rico hacendado y regidor, muy devoto, para que se desplace a Murcia y encargue Imagen, de tamaño natural, tal como la describen los documentos antiguos de la Aparición, fundamentalmente el retablo y el Libro de Constituciones. Viviente constata con Cristóbal de Salazar, un granadino que ha venido tiempo atrás  para trabajar en el trascoro de la Catedral. El citado autor, de mediana valía artística, pero sobrado de orgullo e impulsos, acababa de salir de la cárcel donde había purgado fechorías de deudas y juego, estaba relacionado con los Ayala, artistas que copaban la escena local, estando casada con Jusepa de Ayala. Puesto de acuerdo con el comisionado, en 30 de abril, se firma el contrato ante escribano público. En él se establecen todas las condiciones de trazas, pago y otros detalles. Se dice que tendrá ocho palmos de alta, sin contar la peana, que se hará, reservando espacio para si el Concejo estima poner algún letrero. El precio estipulado es de 45 ducados o, lo que es lo mismo, 495 reales, de a 34 maravedíes el real. Se dice que ha de ser de buena madera de pino y estar hueca por dentro, para aligerar peso. Llevará cabellera nazarena, vestido talar suelto, con una cruz roja a los pechos y, en la mano izquierda, una vara como un dardo, rematada con una cruz, mientras con la derecha ha de señalar como a dos varas (menos de dos metros), el lugar donde quiere que se haga la Casa. Se le entrega la mitad del dinero acordado, fijando el resto para la entrega, dentro de tres meses. Cumplido el contrato, la Imagen se llevó a la Casa, bajando, por primera vez, a la Villa en la Feria de San Miguel de aquel año, para las rogativas y festejos, entre ellos corridas de toros a la antigua, el 29 de septiembre, y las rogativas públicas que se le harían por los nueve días de estancia. Para estas ocasiones, de subida y bajada, se realizaba –y realiza, aunque modificada- la ceremonia de la Entrega, con documento notarial incluido.  Durante estas bajadas y subidas, la Imagen se colocaba en unas sencillas andas, con las que también procesionaba. A fines del XVIII, para protegerla del polvo, se le comenzó a poner un vestido holgado, popularmente llamado “gabán”, que, además de antiestético, ha ido puliendo y royendo la policromía. Para evitar malentendidos, Concejo y frailes, firman escritura de reconocimiento de propiedad, de Casa e Imagen, en 30 de septiembre de 1702. Los únicos daños graves sufridos a lo largo de los años se produjeron durante la guerra del 36-9 y los años 60 y 70. Los primeros se refieren al ataque incontrolado que sufrió la Casa en agosto de 1936, según la Causa General(2), en que se tiró la Imagen del tabernáculo, produciendo el desprendimiento de la faz y otros desperfectos. La faz fue tirada y encontrada por Juana Rodríguez, “Paleta”, que la guardó durante la contienda. El reste del cuerpo, por orden del Alcalde, Juan Llorente, se guardó en un arcón de la propia Casa, cuya puerta fue tapiada. Acabada la guerra fue llevada a Murcia, junto con la cara recuperada, donde el breve espacio de tres meses se reparó. Su regreso a la localidad fue ocasión de parafernalia de los vencedores y humillaciones a los vencidos. Los otros destrozos aludidos se fueron llevando a cabo por las fibras artificiales de los nuevos “gabanes” y los golpes recibidos al subirla o bajarla de vehículos, que suplían la falta de anderos. Estas reparaciones han sido realizadas por el escultor local Domingo Blázquez. Así mismo, por los frecuentes bandazos, la Imagen se estaba inclinando hacia atrás y desencajándose de la peana.  Entre las actividades previstas para el V Centenario del Aparecimiento, se realizó la restauración completa de la Imagen en el Centro de Verónicas, por los técnicos de la Consejería de Cultura, dirigidos por don Manuel Requena, acordándose no volverle a poner el referido vestido para evitar daños, recuperando su color original y bella carnadura de un Resucitado glorioso. Cierto sector de la población, al que no gustaron los cambios, movido por oscuros motivos, desató una campaña de desatinos y calumnias, propia de la España negra de Berlanga. NUESTRA SEÑORA DE LA ROGATIVA
Cuarenta y dos años y unos días más tarde, entre la noche del 6 y todo el 7 de mayo de 1535, en la Cañada del Conejo van a ocurrir una serie de acontecimientos que darán origen a una nueva devoción local. La Cañada del Conejo es un valle por el que corre un arroyo del mismo nombre, y un carril que une Zumeta y Volteruela por Taibilla. Es una zona muy conocida en la época bajomedieval porque, además de las temidas razias o los fructíferos apellidos de esta tierra fronteriza, era lugar de paso de comercio en las épocas de tregua y después de la conquista de Granada. El tráfico de gentes, ganados y mercancías es tanto que el Comendador Diego de Soto puso allí puerto de lo morisco, para cobrar el impuesto de portazgo. Cerca de allí, en el Puerto del Conejo, se había reñido en 1435, una famosa batalla, ganada por el famoso capitán lorquino Piñero, el del Brazo Arremangado. Con la paz fronteriza, estas fértiles tierras están siendo roturadas, existiendo un abundante y productivo pastoreo, con salega y aguada en La Almeceda, la fuente a cuya vera existen testimonios del paso humano desde la Época de la Caza. También, los madereros franceses, con licencia del Concejo, y los laneros genoveses trasiegan por aquí. De lo ocurrido, hay documentación contemporánea, desde la Visita de la Orden de 1536, pasando por autos judiciales y cartas reales, así como los más normales protocolos notariales que dan autoridad a lo allí ocurrido. Después de un largo tiempo de pertinaz sequía, una más de las que suelen asolar esta tierra, la víspera de la Ascensión ha sido muy lluviosa, La tormenta ha descargado fuerte, aunque ya sea demasiado tarde para remediar los raquíticos panes. Para resguardarse de la lluvia, el joven Ginés Martínez de Cuenca, vaquero que apacentaba su ganado en el lugar, ha buscado refugio en uno de los hatos de madereros franceses donde decide pasar la noche. Tiene mal sueño y pesadillas. Cree ver una mujer y así lo pregunta a la mañana siguiente a uno de los hateros, que niega tal extremo. Con la clara, decide arrear el ganado, pasando a ver unos bancales de trigo, donde observa un lugar con un trigo excelente, ya espigado. -¡Válgame Nuestra Señora!- exclama admirado. A la exclamación contesta una extraña voz:-¿Qué buscas, hombre? Volvió la cabeza Ginés y vio como un bulto de mujer, pero sólo pudo divisarla difusa, como quien ve a través de tela de cedazo, que le dijo:-No tengas temor. Dirás en el Pueblo que se enmienden de todo, porque les hago saber que hace cuatro meses que ando rogando a mi Hijo que envíe agua y no lo quiere hacer porque vienen hombres sin brazos ni piernas pidiendo por el amor de Dios y las mujeres, por no dejar sus haciendas, les dicen que Dios les ayude; y si van en casa de un rico y les dan algo, es con lo que menos precian en su casa. Por tanto, dirás que se enmienden y que hagan aquí una Iglesia que se diga de Nuestra Señora de la Rogativa, porque es abogada de los pecadores. Y aquí queda señal.  Cayó de hinojos Ginés, trastornado por la Visión. Cuando alzó de nuevo la cabeza con ansias de verla, había desaparecido todo rastro, menos sus huellas. Con la rapidez del viento, la nueva corre cerros y valles, alterando la comarca y las tierras limítrofes, comenzando a concurrir gentes al lugar, atraídas por los maravillosos prodigios y en busca de la salud perdida. El rumor, rápidamente se convirtió en tumulto, por lo que las autoridades concejiles se deciden a intervenir. Ante la dimensión de los hechos el Concejo acuerda el 27 de mayo iniciar el proceso, enviando uno de los alcaldes, Martín López del Puerto, al regidor Antón López y al escribano, Martín Pujol. Las diligencias se realizan, con el interrogatorio del Vidente, que no se aclara muy bien, salvo en el mensaje que trasmite la visión sobre la falta de caridad de los moratalleros, por cuya causa reciben el castigo de los malos tiempos. Cuando el alcalde va al lugar de las espigas, Martín ve una raras huellas. Al tocarlas, se le erizan los cabellos, por lo que entiende que es cosa del cielo. El escribano completa el informe dando fe de los muchos milagros que ocurren e el lugar, al que acuden gentes de todos lados, atraídos por la nueva, que son untados con agua y tierra emulsionada del lugar. Entre las gentes que acuden hay una rica señora, doña Teresa Franca, esposa de Abaino, el genovés factor de lanas, que regala Imagen, retablo y ornamentos, para que se celebre en la Casa, que ha sido levantada, con casi toda la obra de madera, regalo de los madereros franceses, que la han realizado al estilo de su Auvernia natal. Con todos los autos, mas lo que aportó Vitorio de Emule, capellán de doña Teresa, se hizo un voluminoso dossier. Con estos autos, autorizados por el escribano Pujol, y asesorados por Higueras, el Abogado del Concejo, se remitieron el 14 de junio a Murcia, quedando copia en el Archivo de Moratalla, donde han sido consultados, entre otros, por Robles Corbalán, Hermosino y Padilla, el Padre Ortega y Alfredo Rubio, que han tratado del tema. Todo este tropel de fieles y enfermos, toda esta cantidad de curaciones, como era de esperar, llevó consigo un enorme caudal de metálico o de limosnas en especie al lugar. Tal era la cantidad, que cuando, en agosto del año siguiente -1536- lleguen los Visitadores, mandaran que se reduzcan a metálico, con las correspondientes ventas en almoneda pública, para gastar en necesidades del culto.  Es muy importante este dato, pues es otro documento incontestable de lo ocurrido, que resume así la Visita de 1536:“…hallaron que podra aver año e medio, poco mas o menos, que se dixo e publyco en esta Comarca y en otras muchas partes, que en la Cañada el Conejo, termyno desta dicha Villa, se avia aparesçido Nuestra Señora en çierta parte de la dicha Cañada el Conejo, e que, por esta razon, muchas personas an venydo a la parte donde se dezia que paso e avyan ofreçido e dado muchos bienes: joyas, çera e maravedis…” Como siempre, a lo documentado, con los años y los excesos de devoción, se le añaden elementos de leyenda. En el caso de la Rogativa, la leyenda le ha puesto la paloma que sale del trigo espigado, con el suceso de la piedra que le tira el vidente, cayendo la paloma y apareciendo la Virgen en su lugar con la herida en la frente. Todo  ello una bonita y poética leyenda, pero no se corresponde con lo que se declaró que había sucedido. En torno a 1545 se produjo un violento incendio que asoló toda la Cañada, Ermita incluida. A pesar de que los devotos intentan remediar los daños, las autoridades se descuidan, dejando abandonado lo que era su obligación proveer. La Imagen había sido salvada in extremis por un pastor, que entró en el incendio, protegido por su manta, empapada en agua. La Ermita, casi toda madera, se había convertido en un montón de cenizas y unos cimientos negros y calcinados.  En estas condiciones hay una segunda Aparición: En agosto de 1577, dos ermitaños, Miguel Martínez y Juan Ximénez, están durmiendo en la era del cortijo El Gallego, ven un objeto, como rueda de molino ardiente, que pasa entre ellos con la rapidez del rayo, despidiendo calor con el que .afirman en su declaración, se calentaron. Espantados y preguntándose sobre lo ocurrido, tienen una nueva visión.  En la declaración posterior, realizada ante uno de los alcaldes ordinarios, Sebastián de Palma -debido al impacto público de dichos sucesos- Miguel asegura que dicho luzero pasó entre ambos santeros. Que estaban a unos diez pasos de distancia, y que ambos se calentaron con el calor que desprendía. Asegura que tenía el grandor de una rueda de molino y que era misterio, porque brillaba mucho, que surgió por Oriente y se perdió por Occidente. Que se quedaron mirando por donde había desaparecido y No lo vieron, pero sí vieron un resplandor mucho mayor que el anterior y más claro, entrando ambos en lo que hoy designaríamos como una crisis de pavor, temblando, mientras descubrían que dentro de dicho resplandor estaba Nuestra Señora, tan resplandeciente que les quitaba de los ojos, arrojándose de rodillas ambos. Luego que vieron ser Ella con toda claridad, se incorporaron y les habló muy dulcemente:
–No temáis. Id a ese Pueblo y decid que se enmienden y vayan a la Cañada del Conejo, al primer Aparecimiento. Vosotros iréis dentro del tercer día, a donde esta una Cruz y allí me hablaréis y os diré lo que habéis de hacer, para que os crean; para que se haga allí una Casa que se diga de Nuestra Señora del Remedio,  porque aquel lucero, que paso esta noche, no era lucero sino centella de fuego, que venia para abrasar la tierra, y por mi ruego se alzó. Allí os daré señas para que os crean, porque mientras que no se haga la dicha Casa, no les faltará sequedad, sed, hambre y trabajos. Si hubierais hecho la Casa hubiera sido Yo servida, porque mi Hijo estaba airado contra la Cristiandad y Yo no ceso de rogar por ellos a mi Hijo y le digo, que no les dé muerte cruel, sino que les quite de los bienes y de los frutos de la tierra que tienen.
Terminadas las palabras, la Visión desapareció, quedándose ambos en la era. Con miedo a que no les creyeran, no dieron el mensaje, pero sí fueron a la Cañada del Conejo al tercer día, aunque no declaró que les había dicho la Virgen. Llama la atención el que de nuevo se manifieste la Virgen y añada un nuevo epíteto a su titulación, el Remedio. Con él se conocerá en los documentos posteriores la advocación, enlazados ambos, anterior y posterior: Nuestra Señora de la Rogativa y el Remedio, porque a lo que se le ruega da remedio. Pasó año y medio. Juan Ximénez enfermó y murió, después de confesar y comulgar, con lo que se cumplió lo que les dijo la Señora en la Cañada, de que uno de ellos moriría pronto. Durante ese tiempo, Miguel había cambiado de Ermita y servía a Santa Quiteria, durmiendo en la casa aneja a ella. Unos quince días antes de decidirse ir ante las autoridades, 1578, estando sentado en el poyo que hay a la entrada de la casa, al anochecer, vio venir un hombre amortajado, que tomó como penitente. Pero, al ver que no se azotaba, como era costumbre en estos casos, y sí que llevaba una cadena por todo el cuerpo, tomó miedo y se santiguó. El amortajado le dijo:
-Hermano ¿Qué haces? ¿Por qué no descubres el caso, que nos dijo Nuestra Señora, en la Cañada del Conejo, para que se hiciere la Casa? Mírame como vengo, que no tengo reposo, durante que no se haga. Mira que soy Juan Ximénez, vuestro compañero.
Miguel, horrorizado, descubrió que era así. El muerto prosiguió:
-Hermano, mira que me voy. Ten cuidado de hacer esto y decirlo, y si no, lo iré a decir yo.
Desapareció el difunto, sin que supiera por dónde. Repuesto del susto, vino a decírselo a una hermana del citado, Catalina Ximénez, esposa del regidor del Concejo Diego Valencia. Ella lo dijo a otros regidores y él mismo, a los alcaldes y resto del Concejo. Ante los hechos, se manda hacer la deposición jurídica, de donde hemos sacado el dato, vía lo copiado en su día por Hermosino y Padilla, el Padre Córcoles y Alfredo Rubio. Todo este revuelo llega hasta la Corte. Felipe II, en su condición de Administrador Perpetuo de la Orden, manda una ejecutoria al Vicario para que, según su informe y testimonios, proceda en lo conveniente, ya que hay muchos devotos que han ofrecido dinero para levantar de nuevo la Casa.
El Vicario Cuesta hizo su informe favorable, del que es parte el episodio que llevamos relatado, y, en 19 de octubre de 1581 se dio la ansiada licencia, que, entre otros, hace esta valoración positiva:
-… ay vna hermita que se solia nonbrar Nuestra Señora de la Rogatiua, casa de mucha deuoçion y donde Nuestro Señor obraua muchos milagros; y, hauiendo subçedido cierto fuego e ynçendio en los montes de la dicha Villa, paso tan adelante que la dicha Hermita se quemo de manera que no quedaron si no solo las paredes, y aun aquellas, en partes desportilladas; y los vezinos de la Villa, por la mucha deuoçion que tienen, la querian tornar ha rehedificar de sus propias haçiendas, contribuyendo cada vno con lo que les paresçe, vnos a quatro ducados y a seis, otros dando trigo y madera, y algunos tienen puestos dineros en poder del depositario.
Las obras se acometieron con empeño. En el lugar del Aparecimiento se eleva un humilladero, consistente en un edículo sobre cuatro pilares y tejado a cuatro vertientes, cubriendo un altar. Este es el sitio de la primera Visión, donde estaban las huellas de Nuestra Señora. Allí, el domingo siguiente de la Ascensión, se celebra la ceremonia de la procesión, estación, oración y puja. Pasada la Rambla, al lado occidental del Carril de Zumeta, se eleva un conjunto en el que se edifica la Ermita, la casa del Ermitaño y el Hospital para los peregrinos. Con pocas variaciones, la edificación ha llegado a nuestros días, habiéndose restaurado por técnicos de Cultura todo el conjunto, que es una muestra magnífica de arquitectura popular del XVI, con el añadido del Camarín y porche, del XVIII. La iglesia es una nave rectangular, en cuyo lateral oeste tiene los anejos de baptisterio, sacristía y almacén. La cubierta primitiva era de rustico artesón, con un decente retablo, en cuyo centro señorea la imagen de vestir de Virgen con el Niño. Desde la sacristía sale una escalera que monta al Camarín y a las cámaras donde se guardaban las ofrendas en especie y las arcas con los vestidos de la Señora. En el lateral meridional se adosó un amplio porche, que protege a los peregrinos y fieles de la Pedanía, tanto en los oficios ordinarios, a lo largo del año, como en las fiestas del Aparecimiento. Desde allí, por una pequeña puerta, se accede a un amplio zaguán que lleva a la casa del Santero, de dos plantas, con horno y otras dependencias. En la parte posterior y anejos están los aposentos que utilizan los peregrinos y los establos para las acémilas y los animales domésticos de los santeros.

LA  IMAGEN  DE NUESTRA SEÑORA DE LA ROGATIVA
La primitiva Imagen, regalada por doña Teresa Franca, la rica bienhechora de Huéscar, era de pequeño tamaño –una vara- y la representaba con el Niño en los brazos, todo de bulto. Salvada del incendio de 1545, estuvo custodiada en la Casa de Cristo hasta que se alzó el Santuario, que aún se conserva, donde fue llevada, saliendo de ella solo el Día de la Ascensión, aniversario del Aparecimiento, para, con determinado protocolo, que aún se mantiene, ser llevada al Humilladero o lugar del Aparecimiento, donde se celebra la misa y se procede al conjuratorio y bendición de los campos. En fecha indeterminada del XVIII se procede a un cambio grande en el Santuario: se levanta un camarín, se dota de falsas bóvedas de yeso a la nave, que estaba cubierta de artesones, y se hace una nueva Imagen, para vestirla, según los nuevos gustos. Es posible que se reutilizara la antigua imagen renacentista, como ocurrió en tantos lugares. Lo ocurrido aquí esta documentado gráficamente por tres documentos:
A.-Las pinturas del Camarín, donde se aprecia la nueva Imagen, vestida de blanco, como manifestó Ginés Martínez de Cuenca, y con rostrillo. Sin embargo hay un error de bulto, el vidente, que tenía veinte años, aparece como un anciano.B.-El grabado encargado por don José Félix Rodríguez de Navarra, realizado en Murcia en 1794 por Leriz. Este es mucho más fiel al informe jurídico de la Aparición. En él, la Imagen aparece vestida de princesa blanco, Niño en brazos, rostrillo y herida, puesta sobre nubes con querubines.C.-La fotografía de Sandoval, que la representa en su trono para procesionar, ya sin rostrillo y sí con una abundante cabellera de pelo natural, como era la moda del momento. Sigue vistiendo de blanco y princesa.
Durante los primeros momentos de la Guerra Civil, la Imagen se mantiene en su santuario. Ante lo ocurrido en la Casa de Cristo, alguien ocultó la Imagen, que hasta la fecha no se ha encontrado, corriendo sobre el caso las más peregrinas fábulas. Acabada la contienda, las autoridades del nuevo régimen deciden restaurar los daños y, ante la ausencia de Imagen –que ellos dicen ha sido destruida- encargan una nueva a Sánchez Lozano, que la realiza de tamaño poco menor del natural, de vestir y con Niño de talla, no demasiado parecida a la antigua. También lleva peluca natural y “devanaderas”, para dar forma al cuerpo, ya que solo se talla el busto. Con parafernalia parecida a la realizada con Jesucristo Aparecido, el 3 de abril de 1940 llega la nueva Imagen. Así describe la ceremonia el Libro de Actas del Ayuntamiento:
“El otro grandioso acontecimiento, ha sido la entrada procesional en este púeblo de la Excelsa Patrona la Santísima Virgen de la Rogativa, cuya Ymagen durante la dominación marxista fué destruida en su totalidad, por lo que ha sido necesario construir una nueva a semejanza de aquella.     A las cinco de la tarde, las Autoridades, con las Milicias y Organizaciones, se trasladaron a la Iglesia Parroquial sacando de ella la Venerada Ymagen de Jesucristo Aparecido, que entre fervorosas aclamaciones de fé y entusiasmo religioso acompaño el pueblo en masa hasta la salida de la localidad, a esperar a la Sagrada Ymagen de la Virgen de la Rogativa, que procedente de Murcia estaba situada en el paraje denominado “La Loma” y hasta alli fueron las Autoridades para que procesionalmente hiciera su entrada triunfal en este pueblo en medio del mayor regocijo cristiano y con la admiración que el púeblo vehemente de entusiasmo tributaba a su Excelsa Patrona, de fé, esperanza y devoción; resultando el acto altamente emocionante y dando el pueblo en general con su asistencia, la nota mas simpatica de respeto, cordura y sensatez; durante todo el recorrido de la procesión”.
Para terminar, quiero dejar dos pequeñas reseñas de la devoción de los moratalleros por su “Campesina”, propiedad, junto con la Ermita del mismo pueblo. Durante el gobierno de Carlos III se realiza una desamortización y reducción de obras pías y cofradías, habiendo mandado el Conde de Aranda un cuestionario para que todos los ayuntamientos lo cumplimentaran. En Moratalla, el 3 de noviembre de 1770, el regidor Pedro López Sánchez da cuenta de lo averiguado por el Concejo. Lo referente a la Rogativa es como se sigue:
“La Maiordomia de Nuestra Señora de Rogatiba, que tambien nombra anualmente esta Villa. Se zelebra en su hermita, siete leguas distante de esta Villa, en el dia de la Aszension del Señor, en cada año, y se compone de visperas, misa y sermon, prozesion con soldadesca, a que asiste la Parroquia y Justizia Real. Y su gasto, en lo referido, comida universal a todos los concurrentes y otros gastos de caridad que se reparten, ymportaran, con corta diferencia, dos mill reales, que salen de la limosna de Agosto.”
Y la última. En 1747 se produce una alteración anormal de los tiempos, haciendo en febrero tiempo propio de la canícula. Como es natural, el fenómeno es tomado por castigo divino y se recurre a los Patronos y Abogados celestiales. El Concejo ordena el traslado, con la pompa y respeto debido, de las dos imágenes, siendo la primera vez en sus historia que lo hacia la Señora. A la novedad, la gente de todo el Campo salía a recibirla, saludarla y vitorearla, ofreciendo limosnas, lágrimas y oraciones. El cambio del tiempo fue tan espectacular y benéfico, que sirvió para aumentar la devoción. El 19 de abril de dicho año, regadas con abundancia las sedientas tierras, se hizo clara y una enorme procesión con ambas imágenes. Nuestra Señora, que en la Villa recibe el nombre de la Rogativa y el Remedio, estrenó para la ocasión y caro y vistoso vestido, ofrenda de sus agradecidos devotos.Marcial García, correspondiente de laReal Academia Alfonso X el Sabio.

2014 - Patronato Jesucristo Aparecido y Virgen de la Rogativa